¡Hola mundo!

Érase una vez un joven pegado a una corbata, a una camisa y a un traje con grandes aspiraciones profesionales; desde el final de su etapa universitaria quiso conocer el mundo financiero por dentro y desde el principio supo que no era su mundo, o al menos como estaba planteado internamente en cualquiera de las entidades financieras que llegaría a conocer.

Su carrera iba meteórica, se acopló perfectamente a las directrices del engaño y la sinergia comercial y fascinaba a los clientes con su trato y su carisma, los ascensos se sucedían directamente proporcional a los cadáveres que sus empresas le obligaban a dejar por el camino.

Y así, a su primer gran banco un día le dijo que hasta aquí, y en el segundo movió los hilos para que fueran ellos los que se lo dijeran.

Pero el mundo financiero y comercial le fascinaba, así que su plan B era exactamente el mismo pero desde la otra perspectiva: enseñar a los clientes a defenderse de las técnicas usureras y mezquinas usando los servicios de estas grandes empresas en su propio beneficio.

Y ese joven, con 10 años más, invierte su dinero en descubrir y explorar mundo a través de la asociación “Juntos mola más” con la que intenta ayudar a mejorar la vida de algún niño en cualquier parte del planeta.

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